Midiendo los acuíferos de Nuevo México
Una mirada más de cerca con Katie Zemlick, jefa de la Oficina de Hidrología de la OSE
Mar / 2026

Debajo de los paisajes de Nuevo México existe una anatomía oculta de sedimentos y rocas que determina cómo vivimos en la superficie. Las 39 cuencas de agua subterránea de Nuevo México —contenedores naturales que albergan nuestros acuíferos— son fuentes cruciales de agua para la mayor parte de la población del estado. Más de la mitad del agua que consumen los habitantes de Nuevo México cada año proviene de estas fuentes subterráneas. Sin embargo, todavía se sabe poco sobre nuestros acuíferos o sobre cuánto tiempo podrán seguir abasteciéndonos.
Parte del desafío es la complejidad geológica de nuestro paisaje. Otro desafío es que los acuíferos varían ampliamente según las complejas —y no visibles— estructuras de roca y sedimento que los componen. Algunos, como el acuífero debajo de Albuquerque, se encuentran cerca de la superficie y están estrechamente conectados con los sistemas de agua superficial. Estos acuíferos se recargan a un ritmo más rápido. Otros están más aislados y se rellenan tan lentamente que el agua que extraemos hoy pudo haber caído como lluvia antes de que existiera la historia humana.
“Sabemos que algunos acuíferos reciben una recarga muy mínima, así que, en la práctica, lo que estás haciendo es explotarlos como si fueran una mina”, dice Katie Zemlick, jefa de la Oficina de Hidrología de la Oficina del Ingeniero del Estado. “Si piensas en extraer agua de la misma manera que pensarías en una mina de carbón, en algún momento el recurso se acaba”. La sobreexplotación no solo reduce el volumen de agua; también puede provocar el colapso de los acuíferos o separar sistemas que antes estaban conectados, al crear zonas secas y no saturadas de suelo y roca.



Construyendo “una imagen detallada”
A medida que la planificación regional del agua comienza a ponerse en marcha, y mientras los científicos predicen que el estado tendrá 25% menos agua en los próximos 50 años, aumentar el monitoreo de los acuíferos es una medida que expertos como Katie Zemlick dicen que ayudará a preparar a Nuevo México para un futuro más seco. “Sería enorme”, dice Zemlick. “Podríamos realmente tener una conversación sobre cuánta agua queda y desarrollar un enfoque hacia la sostenibilidad”.
Zemlick comenzó su carrera en hidrología en Sandia National Laboratories, recopilando datos sobre el agua y analizando las políticas hídricas de los estados del oeste mediante Water Data Exchange. El espíritu de ese trabajo continúa hoy con la New Mexico Water Data Initiative, el centro digital del estado que reúne información proveniente de múltiples fuentes para ofrecer la imagen más completa hasta ahora sobre cuánta agua tenemos, su calidad y cómo la usamos.
Sin embargo, cuando se trata del agua subterránea, esa imagen todavía no está clara. Zemlick explicó que gran parte de los datos existentes del estado provienen de observaciones realizadas por perforadores de pozos comerciales y residenciales.
“A medida que el material sale a diferentes profundidades, registran cómo se ve el color de la roca”, dijo. “Yo diría que eso representa el 99% de los datos que tenemos. El otro 1% proviene de geólogos que realmente salen al campo, perforan, toman mediciones con instrumentos y bajan cámaras dentro de los pozos. Así es como realmente se puede obtener una imagen detallada de lo que está ocurriendo”.


Optimismo en tiempos difíciles
El Plan de Acción del Agua a 50 años de la gobernadora propone que los legisladores financien completamente un programa del New Mexico Bureau of Geology and Mineral Resources (Oficina de Geología y Recursos Naturales de Nuevo México) cuyo objetivo es perforar 100 nuevos pozos dedicados al monitoreo y caracterizar por completo los acuíferos del estado para 2032. Estos pozos adicionales permitirán a hidrólogos y geólogos responder preguntas clave sobre el agua subterránea de Nuevo México.
¿Qué tan poroso es el acuífero? ¿Qué porcentaje contiene agua frente a arena, roca u otros sedimentos? ¿Qué tan rápido se mueve el agua a través del sistema? ¿Qué tan conectados están nuestros acuíferos? ¿Extraer agua de uno afectará la cantidad de agua disponible en otro?
“Tenemos una base de datos con esas propiedades, pero ni de cerca es tan completa como nos gustaría”, dice Katie Zemlick. “Necesitamos muchísimos datos para poder estimar cosas como: ‘Tenemos agua para 100 años’ o ‘Tenemos agua para 500 años’”.
Afortunadamente, señala Zemlick, las crisis a menudo impulsan la acción, y en la última década la opinión pública ha cambiado para favorecer inversiones en planificación, recopilación de datos, conservación y sostenibilidad. El apoyo público —y el fuerte compromiso de la comunidad científica— tendrá que continuar para que Nuevo México pueda volver a encontrar un equilibrio.
“Las y los habitantes de Nuevo México son creativos y resilientes, y hay muchas personas en mi profesión que se preocupan profundamente por esto”, dice. “Dentro de nosotros hay optimismo… pero mi trabajo es pensar todos los días en el peor escenario posible. Eso es lo que más protege el recurso. Creo que habrá que tomar muchas decisiones difíciles, y es mejor si podemos encontrar soluciones antes de que la situación sea crítica”.

